El escritor peruano Fernando Ampuero acaba de publicar Marea alta (Tusquets), una selección de sus textos literarios y culturales, muchos de ellos previamente aparecidos en medios como La República. Más que un simple compendio, el libro busca transmitir a los lectores más jóvenes la pasión por la lectura y el mundo de las letras, tal como Ampuero lo ha experimentado a lo largo de su vida.
En la entrevista, Ampuero reflexiona sobre la lectura en la era digital. Reconoce que hoy en día se consume más texto gracias a internet, aunque eso no necesariamente significa que se elijan lecturas de verdadero valor cultural o intelectual. Pese a los cambios tecnológicos, asegura que la comunidad lectora sigue siendo vigorosa y no ha disminuido en el ámbito literario.
Uno de los textos de Marea alta aborda el cuento “Enoch Soames” de Max Beerbohm, que le permite a Ampuero hablar sobre el deseo de reconocimiento como motor humano y literario. Para él, este afán impulsa la ambición y la osadía, aunque también puede conducir a la frustración y al fracaso. En este punto, Ampuero admite que la posteridad le preocupa cada vez menos: el futuro literario es una ilusión, y lo importante es escribir con honestidad y veracidad.
Sobre José Santos Chocano, sostiene que fue un poeta egocéntrico, celebrado incluso por Rubén Darío, y que los lectores deberían rescatar lo mejor de su obra. También recuerda a Abraham Valdelomar, a quien define como un genio egocéntrico cuya vanidad, lejos de perjudicar, lo fortaleció frente a sus contemporáneos. En ese sentido, Ampuero considera que la literatura mundial está poblada de egocéntricos, unos terribles y otros empáticos, como Rimbaud u Oscar Wilde, quienes, pese a sus excesos, dejaron obras memorables.
La conversación aborda además la recordada polémica de los “andinos y. criollos” en la literatura peruana. Para Ampuero, aquella confrontación fue un estallido de egos que hoy ya no tiene vigencia. Lo positivo fue que abrió espacio a escritores de diversas procedencias en editoriales transnacionales; lo negativo, el resentimiento hacia los limeños como supuestos “no representativos” del Perú profundo.
Ampuero también habla de la autoficción, registro narrativo que ha estado siempre presente en la literatura. En su caso, le permite ponerse en los zapatos de sus personajes y construir miradas convincentes desde la experiencia personal. Asimismo, destaca su amistad con Julio Ramón Ribeyro, marcada tanto por afinidades literarias como por admiración mutua.
Respecto al impacto de las redes sociales, Ampuero admite que pueden distraer, pero también las reconoce como herramientas útiles para difundir libros. Sin embargo, no reemplazan los escenarios tradicionales de la bohemia literaria, como cafés y bares.
En relación con Mario Vargas Llosa, lo recuerda como un escritor excepcional cuya obra, tras su muerte, será leída con mayor objetividad, pues la figura política ya no opacará al novelista. Para Ampuero, la literatura peruana no pierde con su ausencia: gana, porque sus libros quedan como legado eterno.
El escritor también expresa admiración por Alfredo Bryce Echenique y su novela No me esperen en abril, a la que calificó de entrañable. Finalmente, al referirse a su “Decálogo del cuentista”, Ampuero enfatiza dos ideas centrales: la literatura debe emocionar al lector a través de la ficción, y los diálogos son solo orientaciones, nunca caminos rígidos; la buena literatura, concluye, sigue siendo un milagro.
RADIO SENTIMIENTO
Redactado por Bethzabel Chavez

