El rescate de animales en el Perú no es una tarea sencilla. Muchos voluntarios dedican su vida personal, tiempo y recursos a salvar perros y gatos abandonados, enfrentándose a críticas, carencias y al impacto emocional que esta labor conlleva. Dos mujeres simbolizan esta entrega: Brenda Amaya, desde Ventanilla, y Emilia Carhuamarca, desde Huancayo.
Brenda Amaya, de 34 años, lleva seis años rescatando animales. Su motivación surgió tras la dolorosa partida de su abuela, quien la había criado como una madre. Para no caer en depresión, Brenda buscó un propósito y, junto a su pareja Fernanda y sus cuatro hijas, inició el camino del rescate. Desde pequeña había visto cómo sus abuelos recogían perros callejeros, aunque sin conocimientos veterinarios ni recursos, trataban de cuidarlos con remedios caseros. Aquellas experiencias marcaron su sensibilidad hacia los animales.
Su primera rescatada fue Abby, una perrita preñada que vagaba desnutrida y con sarna. Logró dar en adopción a los cachorros, pero Abby permaneció con la familia seis años hasta su fallecimiento, convirtiéndose en un símbolo de amor y perseverancia. Brenda recuerda que ser rescatista no es fácil: muchos critican pensando que lucran con el dolor ajeno. Sin embargo, ella divide su tiempo entre su familia y el albergue, enseñando a sus hijas valores de respeto hacia los animales. Incluso dejó su trabajo en una empresa de telefonía para dedicarse de lleno a esta labor, sosteniendo ahora con un negocio propio que apenas cubre lo básico.
Por su parte, en Huancayo, Emilia Carhuamarca inició hace siete años su compromiso con el rescate. La decisión nació de un proceso personal doloroso: atravesaba una crisis emocional que la alejó de su propia mascota. Al retomar el vínculo, un accidente trágico la golpeó cuando su perrita murió atropellada. La pérdida la hundió en la tristeza durante un año. Su hermano, al verla devastada, la motivó a involucrarse en páginas de apoyo animal. Allí descubrió la dura realidad del abandono y el maltrato. Aunque al inicio tuvo dificultades para adoptar, finalmente abrió su hogar a varios perros, y con la llegada de la pandemia terminó con siete a su cargo.
Lo que comenzó como un acto personal de sanación se transformó en un proyecto de vida. Hoy Emilia cuida a 400 perros, una cifra que despierta admiración, pero también cuestionamientos. Ha recibido críticas duras, pero asegura que no se deja derribar. Para ella, lo importante es ofrecer dignidad y cariño a los animales en sus últimos años. “Los viejitos tienen su cama, sus frazadas, comida y cuidado. No los puedo dejar”, afirma con convicción.
Tanto Brenda como Emilia encarnan el sacrificio y la pasión de cientos de rescatistas en el país. Ambas transformaron sus pérdidas personales en motores de cambio, asumiendo una labor que no genera ganancias, pero sí esperanza. Su trabajo revela la necesidad de mayor apoyo social e institucional para quienes, con pocos recursos, enfrentan día a día el abandono y el maltrato animal, brindando a los más indefensos la oportunidad de vivir con amor y dignidad.
RADIO SENTIMIENTO
Redactado por Bethzabel Chavez

