[La presencia de los octógonos podrían representar un nuevo problema para el Ejecutivo y Legislativo. Imagen: Agencia Andina]
Un estudio científico indica que la industria reformuló sus productos tras la Ley 30021, pero los progresos no perduraron al endurecer los criterios regulatorios.
La implementación de los octógonos de advertencia en etiquetas de alimentos procesados en Perú, impulsada por la Ley 30021 de Promoción de la Alimentación Saludable, generó impactos iniciales positivos en la reformulación de productos, según un estudio publicado en la revista Romanian Journal of Diabetes, Nutrition and Metabolic Diseases. Esta investigación analizó 1.137 etiquetas recolectadas entre 2018 y 2021, revelando reducciones significativas durante la primera fase de aplicación entre 2019 y 2020. Específicamente, el contenido de azúcar disminuyó un 36,7%, el sodio un 14% y las grasas saturadas cerca de un 10%, lo que obligó a las empresas a ajustar fórmulas para evitar los sellos negros.
Los octógonos, que identifican productos «altos en» azúcar, sodio, grasas saturadas, grasas trans o calorías, surgieron como medida pionera en América Latina desde octubre de 2019, con fases progresivas de exigencia. En su debut, provocaron sorpresa y cambios en la percepción pública, alineándose con recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que destaca su superioridad sobre sistemas como semáforos o lupas para guiar elecciones saludables. Estudios previos de la OPS, mediante ensayos controlados, demostraron que las advertencias octogonales duplican la capacidad de los consumidores para detectar productos perjudiciales y nueve veces más para identificar excesos nutricionales.
Sin embargo, el análisis detectó retrocesos en 2021, coincidiendo con la segunda etapa de parámetros más estrictos, donde varios alimentos incrementaron su carga calórica y nutrientes críticos. Esta reversión paradójica sugiere que parte de la industria alimentaria priorizó márgenes sobre mejoras sostenidas cuando las regulaciones se endurecieron. El estudio enfatiza la ausencia de datos sobre hábitos de compra reales, cuestionando si los sellos modificaron patrones de consumo poblacional pese a la reformulación temporal.
La norma forma parte de una política integral que incluye restricciones en ventas escolares y promoción de actividad física, pero enfrenta debilidades en fiscalización, permitiendo ultraprocesados en quioscos educativos. Productos etiquetados como «saludables» o «fit» aún llevan octógonos, evidenciando la brecha en acceso a frescos y naturales, especialmente para niños en desarrollo metabólico. La OPS vincula el consumo habitual de estos ítems con riesgos elevados de obesidad, alteraciones tempranas y enfermedades crónicas en adultos.
En contextos escolares, la falta de cumplimiento agrava vulnerabilidades infantiles, donde snacks y gaseosas dominan pese a prohibiciones. Proyectos legislativos recientes, como el aprobado por la Comisión de Defensa del Consumidor, buscan cerrar lagunas para envases pequeños, fortaleciendo transparencia contra diabetes, hipertensión y obesidad. Experiencias regionales, como en Colombia, debaten octógonos versus círculos, pero Perú mantiene el modelo frontal por su impacto en decisiones rápidas.
La investigación de Mamani-Urrutia subraya que reducciones parciales no convierten ultraprocesados en opciones seguras para consumos frecuentes, particularmente en menores. Fiscalización estatal pendiente limita alcances, mientras encuestas históricas muestran 97% de apoyo popular a los sellos desde su propuesta en 2013. Caídas en ventas de gaseosas, yogures y galletas post-implementación inicial confirman efectos conductuales tempranos.
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Redactado por: Lucero Falcon Delgado

